Tagine de cordero, de Paris a Marruecos

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No vamos a hablar del hecho que hace casi cuatro meses que no hay posts. No, no hace falta. Basta decir nada más que la rutina mata, y que cuando la rutina entra a la cocina, bueno, no hay posts. Pero un día, de la nada, vuelve la inspiración; la nuestra vino de Marruecos y Paris, de la mano de Mechi y Lean, quienes alguna vez nos mostraron porqué ellos cortan el Bacalao.

Preparando su mudanza a Paris los chicos empezaron a desprenderse de aquellas cosas que no podían llevar y que podrían seguir contando su historia en Buenos Aires. Así fue como, además de las máquina de coser, nos quedamos en comodato su preciada Tagine, que  luego de varios amagues de curar  y cocinar  para nosotros, llegó intacta a nuestras manos.

El cordero Ciruelas, cebolla rehogada, durazno y corder
El cordero y sus amigos a fuego lento

Para arrancar  el  cordero, trozamos la pata en  cubos y marinamos con aceite de  argán (si tienen), cúrcuma, comino, jugo de limón, pimentón colorado, un poquito de canela, sal, jengibre en polvo, y básicamente todo lo que les despierte la imaginación. Dejamos que se relaje en la heladera mientras en una sartén empezamos a rehogar (solo hasta que queden translucidas) 2 cebollas, ajo y un poco de chile.

Cuando la cebolla está, retiramos del fuego y reservamos. En la misma sartén caliente ponemos el cordero con un poco  de aceite para que tome color. Cuando esté dorado, volvemos a incorporar las cebollas, agregamos los duraznos deshidratados, las ciruelas y las almendras fileteadas. A esto agregamos caldo de cordero y una lata de tomates perita cortados. Dejamos cocinar a fuego bajo hasta que la carne esté blanda.

  
Toques finales y al horno para presentar en la Tagine

Para acompañar la Tagine de cordero nada mejor que un rico couscous, facilísimo de preparar agregando agua hirviendo hasta hidratar el couscous y agregando sal, pimienta, aceite de oliva y un toque de menta fresca de la huerta. Un buen vino tinto, y listo!!

¡A la mesa!

¡De nuestra mesa, a tu cocina!

Con esto volvemos, con una tagine de cordero que nos recuerda que las cosas (y la comida) cuentan una historia -nuestra historia-, que a veces pasan por nuestras manos solo de paso hasta encontrar su verdadero destino, y que junto con ellas podemos  viajar a lugares que nunca fuimos, o  que volvemos a visitar con cada bocado, un viaje para inspirarnos, de Paris a Marruecos.

¡Hasta la próxima! 

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